Fósiles de dinosaurios, el nuevo objeto de deseo de los grandes coleccionistas

Una colección privada británica de 318 piezas del Jurásico fue vendida a un museo de Abu Dabi por una suma de ocho cifras. El caso reavivó el debate sobre el destino de fósiles que permanecen en manos privadas y pueden quedar fuera del alcance de la investigación científica.

Los fósiles de dinosaurios dejaron de ser únicamente piezas de estudio o tesoros de museos. Para algunos coleccionistas con grandes recursos, también se convirtieron en objetos exclusivos, capaces de alcanzar precios millonarios y de quedar reservados para la contemplación de una sola persona.

El fenómeno quedó expuesto con la venta de una de las colecciones privadas de fósiles del Jurásico más destacadas del Reino Unido. Según reveló este verano el diario *The Guardian*, el conjunto fue adquirido por un museo de Abu Dabi por una suma de ocho cifras.

La colección estaba integrada por 318 especímenes reunidos por un coleccionista particular. La operación fue considerada por expertos británicos como una pérdida irreparable para el país, en un movimiento que llevó esos restos fósiles fuera de sus fronteras.

El caso ilustra una transformación en el circuito de estas piezas: materiales que durante décadas podían terminar en museos o instituciones científicas ahora también son buscados por compradores privados. En esos casos, el acceso a los fósiles puede quedar limitado al propietario o a un grupo reducido de personas.

El paleontólogo argentino Federico Agnolín conoce de cerca esa situación. Hace algunos años, un coleccionista europeo le mostró un fósil que, según le dijo, podía ayudar a resolver el origen de las víboras. Sin embargo, después cerró el cajón en el que lo guardaba y dejó la pieza fuera de la investigación.

Agnolín describió aquel ejemplar como una especie de “viborita ciega”, un organismo que nunca había sido estudiado por la ciencia. El investigador evitó brindar más detalles sobre el fósil, aunque explicó que se trata de un asunto complejo.

La anécdota muestra una de las principales dificultades para los especialistas: cuando un fósil queda en manos privadas, no siempre existe la posibilidad de examinarlo, describirlo o incorporarlo al conocimiento científico. La pieza puede permanecer guardada, sin que otros investigadores sepan siquiera de su existencia.

La venta de la colección británica volvió a poner el foco sobre esa tensión entre la propiedad privada y el interés científico. Los 318 fósiles, reunidos durante años por un coleccionista, pasaron a formar parte de un museo en Abu Dabi luego de una transacción millonaria.

El atractivo de estas piezas no reside solo en su antigüedad. También está vinculado con su rareza y con la posibilidad de poseer algo que muy pocas personas pueden admirar. En algunos casos, el valor parece estar asociado precisamente a la exclusividad: saber que el fósil pertenece a una única colección y que el acceso a él depende de la decisión de su dueño.

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