Vaca Muerta se prepara para ingresar en una nueva etapa de expansión. El Gobierno de Neuquén estima que durante 2027 se conectarán alrededor de 600 nuevos pozos a la formación shale, un volumen que marcaría un récord y prácticamente triplicaría el ritmo de actividad registrado antes de la pandemia.
El crecimiento de las perforaciones viene acelerándose en los últimos años. En 2018 se conectaron 185 pozos y en 2019 fueron 183. Después del fuerte impacto de la pandemia, la actividad comenzó a recuperarse: hubo 260 conexiones en 2021, 404 en 2022, 411 en 2023 y 420 en 2024. En 2025 se alcanzó el máximo hasta ahora, con 467 nuevos pozos, mientras que hasta julio de 2026 ya se habían incorporado otros 284.
El salto previsto para 2027 estará impulsado, entre otros factores, por la puesta en marcha del sistema Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que permitirá ampliar la capacidad de transporte y exportación de petróleo. Los 600 nuevos pozos representarían un incremento cercano al 28% respecto del nivel de 2025 y equivaldrían a casi el 10% de todos los pozos que actualmente producen en Neuquén, incluyendo los convencionales.
Pero la expansión también plantea un desafío logístico. El principal cuello de botella identificado es la disponibilidad de arena de fractura, un insumo indispensable para desarrollar los pozos. Este año se estima que Vaca Muerta utilizará unos 6 millones de toneladas de arena. Con 600 nuevas perforaciones, la demanda podría aumentar un 45% y llegar a aproximadamente 7,5 millones de toneladas anuales.
La presión sobre la infraestructura podría crecer todavía más durante los próximos años. Neuquén proyecta que hacia 2029 la formación podría alcanzar un ritmo de 1.000 nuevos pozos por año, lo que llevaría la necesidad de arena hasta unos 12 millones de toneladas anuales.
El desafío no se limita a la arena. El crecimiento de la actividad demandará también más agua para las fracturas, transporte para los trabajadores, equipos especializados y personal calificado. A medida que aumenten las exportaciones de petróleo y comiencen a desarrollarse proyectos de exportación de gas natural licuado, la presión sobre toda la cadena de servicios será mayor.
Vaca Muerta entra así en una etapa en la que el desafío ya no será solamente producir más, sino contar con la infraestructura y los recursos necesarios para sostener el salto de escala. La capacidad de responder a esas necesidades será determinante para que el potencial energético de la formación pueda continuar creciendo.








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