Una operación para trasladar a miles de migrantes que permanecían acampados en las playas de Ceuta hacia nuevos espacios de acogida instalados en el puerto terminó este viernes con momentos de tensión y desborde. Más de 4.000 personas intentaron acceder a un dispositivo que dispone de unas 1.700 plazas, lo que provocó corridas, saltos del cordón policial e intervenciones de las fuerzas de seguridad.

El operativo comenzó durante las primeras horas de la mañana en las playas de Benítez y El Trampolín. Policía Nacional y Guardia Civil, con apoyo de militares, guiaron a los migrantes por el paseo marítimo y una carretera de servicio hacia las dos parcelas portuarias habilitadas como centros temporales de acogida.

La diferencia entre la cantidad de personas que debían ser trasladadas y la capacidad disponible generó los principales episodios de tensión. En distintos momentos, grupos de migrantes corrieron hacia las instalaciones para intentar asegurarse un lugar, obligando a los agentes a detener la marcha y utilizar disparos disuasorios al aire. Según la información difundida durante el operativo, una parte importante de quienes se saltaron el cordón eran menores de edad.

La operación también abrió una disputa política y administrativa. Juan Manuel Doncel, presidente de la Autoridad Portuaria de Ceuta, aseguró que no había sido informado previamente de que el traslado se realizaría ese día y reclamó conocer el plan de seguridad y las medidas previstas. El ministro de Transportes, Óscar Puente, respondió que los técnicos del puerto y el Gobierno de Ceuta sí conocían la operación y sostuvo que el traslado se realizó con coordinación.

El problema de fondo es la falta de plazas. Fuentes del Ministerio del Interior elevaron durante la jornada la estimación de migrantes que permanecen en Ceuta a entre 9.000 y 10.000, frente a las cifras de alrededor de 5.000 que se habían manejado anteriormente. Con unas 6.000 personas alojadas en dispositivos de acogida, quedarían todavía entre 3.000 y 4.000 sin plaza.

La situación llevó además a que más de 2.000 personas regresaran posteriormente a los asentamientos de las playas al completarse la capacidad del campamento portuario. La operación vuelve a colocar a Ceuta ante el desafío de gestionar la presión migratoria y, al mismo tiempo, garantizar la seguridad de los dispositivos, de los agentes desplegados y de la infraestructura portuaria.

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