El crecimiento de las exportaciones argentinas todavía no se traduce en un aumento equivalente de la inversión productiva ni del empleo formal. Esa es una de las principales conclusiones de un análisis sobre el futuro laboral del país, que pone el foco en tres procesos que podrían modificar la economía argentina en las próximas décadas: el boom exportador, las grandes inversiones y una posible migración interna hacia las regiones donde se concentren las nuevas oportunidades.
Entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo trimestre de 2026, las exportaciones crecieron 38% y el consumo privado 8%, mientras que la inversión productiva cayó 4%. Las exportaciones de combustibles y energía se duplicaron, las de productos primarios aumentaron 74% y las de bienes industrializados 30%. El problema es que buena parte de esas actividades son intensivas en recursos naturales y generan relativamente pocos puestos de trabajo directos.
Los datos del primer trimestre de 2026 muestran una situación similar. La economía creció 2,3% interanual, impulsada por las exportaciones y el consumo, pero la formación bruta de capital fijo cayó 11,6% y acumuló cuatro trimestres consecutivos de retroceso. La inversión pasó de representar el 20% del PBI en el primer trimestre de 2025 al 17,2% un año después, y el 76% de la caída correspondió a maquinaria y equipos.
El RIGI aparece como una de las principales herramientas para atraer capital. Entre agosto de 2024 y abril de 2026 se presentaron 35 proyectos por USD 81.104 millones y, hasta junio de este año, habían sido aprobados 16 por USD 29.892 millones. Sin embargo, los desembolsos efectivos todavía representan una proporción reducida de la inversión anual argentina y más del 95% del volumen anunciado corresponde a minería e hidrocarburos.
La cuestión central es entonces cuánto empleo pueden generar esos sectores. El proyecto Argentina LNG, por ejemplo, contempla una inversión de USD 51.000 millones y podría generar unos 20.000 empleos directos e indirectos durante su construcción, con picos de hasta 40.000. Una vez operativo, sostendría alrededor de 8.000 puestos directos e indirectos.
Esto no significa que minería, energía y agro tengan poco impacto laboral. Su importancia puede multiplicarse si alrededor de los grandes proyectos se desarrolla una red de proveedores nacionales. La experiencia de Australia y Chile muestra cómo la minería puede impulsar empresas de ingeniería, equipamiento, mantenimiento, software, automatización y servicios especializados.
En Argentina, los cálculos citados señalan que el petróleo genera alrededor de cuatro empleos indirectos por cada puesto directo. Por eso, el desafío no consiste solamente en extraer recursos naturales, sino en construir un tejido productivo capaz de abastecer a esas actividades y desarrollar nuevas capacidades alrededor de ellas.
Otro cambio podría producirse en la distribución geográfica de la población. Un trabajo elaborado por siete estudiantes de la Universidad de San Andrés, supervisado por Federico Sturzenegger y Javier García Cicco, plantea que el cambio del modelo económico podría generar durante las próximas tres décadas una importante migración interna hacia la Patagonia y el Noroeste Argentino.
Según ese estudio, unos cuatro millones de argentinos podrían trasladarse hacia esas regiones. El Área Metropolitana de Buenos Aires perdería cerca de 4,2 millones de habitantes, mientras que Neuquén podría sumar casi 1,5 millones, Catamarca un millón, Jujuy unos 780.000, San Juan 750.000 y Salta alrededor de 460.000.
Se trata de una proyección de largo plazo y no de una tendencia demográfica ya confirmada. Pero plantea un escenario de transformación profunda: una Argentina en la que las oportunidades laborales vinculadas con energía, minería y nuevas actividades productivas podrían modificar no solamente la estructura del empleo, sino también el mapa económico y poblacional del país.
El futuro del trabajo argentino, según este análisis, dependerá finalmente de si el crecimiento exportador logra generar cadenas de proveedores, servicios de mayor productividad e inversión sostenida. Si ese proceso se consolida, el cambio podría superar ampliamente a los empleos creados directamente en los yacimientos, campos o plantas industriales y terminar modificando también dónde viven y trabajan los argentinos.








te podría GUSTAR
Europa salió a la calle: protestas por el costo de vida, la vivienda y los servicios públicos
Bullrich se mostró abrazada a Milei y buscó despejar las dudas sobre su futuro político
Barcelona: una protesta juvenil terminó con saqueos, incendios y enfrentamientos con la policía
Quilmes y Argentino de Quilmes ganaron en una jornada de desahogo y aseguraron la permanencia
El Banco Central compró más de US$ 1.100 millones en octubre y sigue fortaleciendo las reservas
PUBLICIDAD