Una de las esquinas más reconocibles de la historia nocturna de Quilmes vuelve a cambiar de aspecto. En el edificio ubicado en avenida 12 de Octubre y Sáenz Peña se están realizando trabajos de mantenimiento y remodelación de la fachada, una intervención que ya permite apreciar una transformación particularmente visible: la recuperación del histórico cartel de Cuernavaca, ahora pintado en tonos violeta y fucsia sobre un fondo oscuro.
La obra se encuentra actualmente en ejecución. Los andamios instalados sobre el frente y la escalera colocada sobre la marquesina superior permiten observar que los trabajos abarcan distintos sectores de una fachada que presentaba signos evidentes de deterioro, con pintura descascarada, paredes desgastadas y numerosas capas de intervenciones acumuladas a lo largo de los años.
El nuevo tratamiento del frente devuelve protagonismo al nombre Cuernavaca, uno de los elementos que durante décadas identificó a este edificio y que permanece en la memoria de varias generaciones de quilmeños. El color elegido para restaurar las letras genera un fuerte contraste con el fondo oscuro y hace que el antiguo logotipo vuelva a convertirse en el principal punto de atención de la esquina.
Pero detrás de esa fachada existe una historia que comenzó mucho antes de Cuernavaca. El edificio funcionó originalmente como el Cine Avenida, uno de los espacios vinculados a la vida cinematográfica de la ciudad. Posteriormente tuvo una breve etapa como Cine Roxy, antes de adoptar la identidad con la que quedaría especialmente asociado para quienes vivieron la noche quilmeña de las décadas siguientes.
Fue como Cuernavaca cuando el lugar se convirtió en una recordada confitería bailable y dancing club. Su nombre quedó asociado a una época en la que determinados locales constituían verdaderos puntos de encuentro y formaban parte del paisaje social de Quilmes. La esquina dejó entonces de ser solamente una dirección para convertirse en una referencia reconocible de la vida nocturna local.
Con el paso del tiempo, aquella actividad desapareció y el edificio atravesó nuevas etapas comerciales. Durante un período funcionó allí un supermercado, modificando nuevamente la relación del inmueble con el barrio y alejándolo de aquella identidad vinculada a la noche quilmeña. Más tarde, el establecimiento volvió a quedar sujeto a cambios de uso y a períodos de menor actividad, mientras su fachada acumulaba las huellas del paso del tiempo.
Ahora, la intervención vuelve a poner esos elementos en primer plano. El cartel de Cuernavaca, aunque conserva su estructura y diseño reconocibles, adquiere una apariencia renovada gracias al nuevo esquema cromático. La restauración no borra la historia del edificio: por el contrario, vuelve visible una marca que durante mucho tiempo permaneció deteriorada pero que todavía podía reconocerse desde la calle.
Una nueva etapa comercial
La renovación de la fachada se produce además en un momento en que la zona atraviesa un proceso de reconversión comercial, con cambios en los usos de distintos locales y la llegada de nuevos formatos de negocios.
En ese contexto, una de las posibilidades que circulan en torno al futuro del inmueble es la eventual instalación de un bazar de origen chino, aunque por el momento se trata de una posibilidad y no de una confirmación oficial. Si finalmente se concreta, el histórico edificio volvería a incorporarse al circuito comercial de la zona con una actividad completamente diferente de aquellas que marcaron sus distintas etapas.
El eventual desembarco de un bazar se inscribiría, además, en una transformación más amplia del paisaje comercial quilmeño, donde antiguos locales vinculados al entretenimiento, los grandes comercios o actividades tradicionales están dando paso a nuevos formatos y rubros.
Por ahora, los trabajos permiten hablar concretamente de una puesta en valor de la fachada, pero no permiten confirmar cuál será el destino definitivo del inmueble una vez terminada la intervención. La remodelación podría formar parte de una renovación destinada a preparar el establecimiento para una nueva actividad comercial.
Lo que sí resulta evidente es que alguien decidió intervenir sobre un edificio que durante años formó parte del paisaje de Quilmes y recuperar, entre otros elementos, el nombre que lo convirtió en una referencia.
La intervención también vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la memoria urbana. No se trata necesariamente de un edificio monumental, sino de un lugar incorporado a la identidad cotidiana de la ciudad por las experiencias que allí tuvieron varias generaciones de vecinos.
En una esquina por la que miles de quilmeños pasan diariamente, el violeta y el fucsia del renovado cartel vuelven a hacer visible una palabra que durante décadas estuvo asociada a la noche: Cuernavaca.
Ahora habrá que esperar a que terminen los trabajos para saber qué nueva actividad ocupará definitivamente el inmueble. Si la posibilidad del bazar chino se concreta, será una nueva transformación para una esquina que ya fue cine, dancing, supermercado y que ahora podría iniciar otra etapa comercial.
La historia del edificio, en definitiva, todavía no terminó. Y mientras los andamios siguen ocupando la fachada, el viejo nombre de Cuernavaca vuelve a aparecer sobre 12 de Octubre como una pieza de la memoria de Quilmes que, por alguna razón, se resiste a desaparecer.








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